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  • La formación socialista revolucionaria italiana de Mariátegui y la ortodoxia socialista rusa

    Gustavo Pérez Hinojosa

    “Residí más de dos años en Italia, donde desposé una mujer y algunas ideas" Carta a Samuel Glusberg, 10 de Enero de 1927.

     MARIÁTEGUI, GRAMSCI Y "L´ORDINE NUOVO"

    Contra lo usualmente pensado por la mayoría de nosotros, el propio Mariátegui reconoció haber realizado su mejor aprendizaje y haberse asimilado al marxismo, en Europa, principalmente en Italia (La mayoría de nosotros, salvo muy honrosas excepciones, fuimos formados en la imagen de un Mariátegui tributario de la "ortodoxia" oficial socialista o comunista, que no era otra que la visión del socialismo soviético o ruso, visión hegemónica mundial, a partir del papel directriz en la Internacional Comunista, del Partido Comunista de la URSS).

    A esa Italia, considerada como el país en que la lucha de clases había alcanzado el punto mas alto, tanto en el nivel de la praxis como en el de la elaboración teórica, es donde llega Mariátegui, en su periplo europeo, y donde se forma como revolucionario, socialista marxista, pero no del marxismo en general sino de uno determinado, específico, vinculado a al experiencia italiana. Es a partir de esa Italia que Mariátegui leerá a Marx con el filtro del historicismo italiano, informándose del desarrollo de la Revolución Socialista de Octubre, a través de fuentes e interpretaciones italianas.
    Fueron esos años, de 1919 a 1923, vividos principalmente en Italia, y principalmente bajo la influencia de "L´Ordine Nuovo" (Semanario Socialista turinés, ligado a los Consejos de Fábricas y a la influencia de la Internacional Comunista, que impulsaría el nacimiento del Partido Comunista de Italia), junto a Gramsci, a Terracini y a Gobetti, los determinantes para el desarrollo político y cultural de Mariátegui, pues lo transformaron en un revolucionario maduro y un pensador marxista (recordemos sus "Cartas de Italia").

    En resumen, como ya lo habían insinuado en su momento Estuardo Núñez, Robert Paris y Antonio Melis, su formación ideológica es, principalmente socialista revolucionaria italiana, pues allí vivió una revolución en marcha y el deslinde entre "maximalistas" y reformistas en el movimiento socialista. Allí percibió, de manera más directa y analítica, junto a los socialistas italianos, el aliento renovador de Lenin y de la Revolución de Octubre, a través de una lectura del marxismo, que rescató su esencia y espíritu revolucionario, en oposición a la visión fosilizada y positivista de los teóricos y dirigentes oportunistas de la II Internacional.

    Mas recientemente, Fernanda Beigel recogiendo el itinerario italiano de Mariátegui concluirá que no sólo su formación marxista es principalmente italiana, sino que estuvo signada por la experiencia política del"ordinovismo ", precisando que "Este particular modo de ver y protagonizar el advenimiento del "nuevo orden" tuvo una gran influencia en la formación ideológica de Mariátegui. Su convicción "maximalista" se formó en el ambiente italiano de estos años y su conocimiento del comunismo estuvo estrechamente ligado a las posiciones de la fracción ordinovista" (Fernanda Beigel. "Una mirada sobre otra: el Gramsci que conoció Mariátegui", Pág.45).

    EL DESLINDE CON EL MARXISMO DE LA II INTERNACIONAL

    Antonio Gramsci señala que "El filisteo no ve la salvación fuera de los esquemas preestablecidos, no concibe la historia sino como un organismo natural que atraviesa momentos de desarrollo fijos y previsibles. Si siembras una bellota, puedes estar seguro que no nacerá más que un brote de encina, el cual crece lentamente y no da frutos hasta pasados muchos años. Pero ni la historia es una tierna encina ni bellotas los hombres" y añade " La historia no es un cálculo matemático: no existe en ella un sistema métrico decimal, una numeración progresiva de cantidades iguales que permita las cuatro operaciones, las ecuaciones y la extracción de raíces. La cantidad (estructura económica) se convierte en cualidad porque se hace instrumento de acción en manos de los hombres, " (Antonio Gramsci "Utopía").

    Por su parte Mariátegui describía: "La filosofía evolucionista, historicista, racionalista, unía en los tiempos pre-bélicos, por encima de las fronteras políticas y sociales, a las dos clases antagónicas. El bienestar material, la potencia física de las urbes habían engendrado un respeto supersticioso por la idea del progreso. La humanidad parecía haber hallado una vía definitiva. Conservadores y revolucionarios aceptaban prácticamente las consecuencias de las tesis evolucionistas" ("Dos concepciones de la vida", "El alma matinal", Pág.17), y añadía "Los reformistas resistieron a la Revolución, durante la agitación revolucionaria post-bélica, con razones del mas rudimentario determinismo económico. Razones que, en el fondo, se identificaban con las de la burguesía conservadora, y que denunciaban el carácter absolutamente burgués, y no socialista, de ese determinismo" ("El determinismo marxista", "Defensa del marxismo", Pág.67).

    Gramsci señalará sobre la Revolución de Octubre que "Los hechos han provocado la explosión de los esquemas críticos en cuyo marco la Historia de Rusia habría tenido que desarrollarse según los cánones del materialismo histórico", que los bolcheviques "no han levantado sobre las obras del maestro" (NOTA MIA : se refiere a Marx)"una exterior doctrina de afirmaciones dogmáticas e indiscutibles. Viven el pensamiento marxista,"…" Y ese pensamiento

    no sitúa nunca como factor máximo de la historia los hechos económicos en bruto, sino siempre el hombre, la sociedad de los hombres, de los hombres que se reúnen, se comprenden, desarrollan a través de esos contactos (cultura) una voluntad social, colectiva, y entienden los hechos económicos, los juzgan y los adaptan a su voluntad hasta que ésta se convierte en motor de la economía, en plasmadora de la realidad objetiva, la cual vive entonces, se mueve y toma el carácter de materia telúrica en ebullición, canalizable por donde la voluntad lo desee, y como la voluntad lo desee" Antonio Gramsci. "La Revolución contra "El Capital").

    Gramsci, concluirá señalando que "Marx no ha escrito un credillo, no es un Mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio".(Antonio Gramsci. "Nuestro Marx").

    Coincidentemente, nuestro Mariátegui señalará que "El marxismo,"…"es un método fundamentalmente dialéctico. Esto es, un método que se apoya íntegramente en la realidad, en los hechos. No es, como algunos erróneamente suponen, un cuerpo de principios de consecuencias rígidas, iguales para todos los climas históricos y todas las latitudes sociales". (J.C. Mariátegui. "Mensaje al Congreso Obrero", Enero de 1927).

    Muerto Mariátegui, en 1930, Antonio Gramsci, continuará, desde sus "Cuadernos de la Cárcel" el deslinde con lo que, tanto Mariátegui como él, apreciaban como el retorno del trastocamiento teórico oficializado por la II Internacional, superado por Lenin y por la propia materialización de la Revolución de Octubre, siguiendo el hilo conductor ofrecido por "Los problemas fundamentales del marxismo" de Plejánov, de 1908, que constituyó la tentativa más completa de "manualización" filosófica del marxismo, y que volvía a perfilarse tras "el Manual" de Bujarin (denominado "Teoría del Materialismo histórico"), permitiéndole "determinar una serie de divergencias respecto a una interpretación del marxismo teórico muy difundida en el grupo bolchevique, y destinada a asumir más tarde rasgos cada vez mas notorios con el perfilamiento del "marxismo-leninismo" (Leonardo Paggi "La teoría general del marxismo en Gramsci". Introducción a "Escritos Políticos", Editorial Siglo XXI, Pág.1), que en su desarrolló implicó el retorno del positivismo como "socialismo científico", que instituyó las nociones de "materialismo histórico" y "materialismo dialéctico", ajenas a Marx, rompiendo la unidad de su concepción de la historia, disociándola entre, un método permanente, eterno o universal, y por lo tanto fuera de la historia, que aparece operando como una suerte de fórmula abstracta que garantizaría un conocimiento "científico", y una teoría histórico-filosófica de carácter general, que a su vez implicará:

    - El estímulo de la creencia de que la historia de la humanidad, después de pasar por modos de producción determinados, para cualquier sociedad, y dados los efectos de la crisis del capitalismo, conducirá necesariamente a la implantación del Socialismo; y

    - Una concepción mecánica de las relaciones entre "estructura" y "superestructura" como compartimentos separados formalmente en la sociedad analizada, acentuando la importancia del factor económico (estructura), deduciendo de ella la superestructura (y no como dos momentos que de ninguna manera pueden separarse de la totalidad, donde permanecen unidas a través de determinaciones recíprocas que deben ser examinadas de una manera histórico-concreta).

     ¿MARXISTA O MARXISTA-LENINISTA?

    Es entonces posible, que la razón de que tanto Gramsci como Mariátegui, dos socialistas revolucionarios, marxistas, formados (aunque con diferente ritmo) en el mismo escenario y la misma época, no se autodenominasen " marxistas-leninistas", fuese la enorme desconfianza que les inspiraba (como a parte importante del movimiento socialista europeo), este reconocimiento de "las mejores tradiciones de la II Internacional", y el " marxismo-leninismo", entendido, precisamente como la recuperación de éstas, lo cual parecía implicar, necesariamente, la recuperación de Kautsky y Plejánov, los principales representantes de una lectura marxista predominante en la II Internacional, fuertemente positivista, economicista, evolucionista y teleológica, dominante durante la segunda parte del Siglo XIX y hasta la I Guerra Mundial, que daba forma a una noción de socialismo pensado como resultado de una evolución natural, como si el desarrollo de las fuerzas productivas, las contradicciones internas del modo de producción capitalista y sus crisis periódicas, provocaran inevitablemente su derrumbe y la instauración del socialismo.
    A este respecto, Joaquín Santana señala que impresiona la coincidencia de ambos en rechazar toda reducción positivista o sociologista del marxismo. "Efectivamente, tanto el uno como el otro, reaccionan en contra de la lectura cientificista del marxismo, pues ésta introduce un determinismo objetivismo que no deja lugar a la actividad transformadora y consciente del sujeto revolucionario. A su vez, rechazan la identificación del materialismo histórico como una mera teoría sociológica. Para ellos, la concepción materialista de la historia posee un carácter filosófico con un contenido más general y totalizador" (Joaquín Santana "Gramsci y Mariátegui", Pág.4).

    Oswaldo Fernández-Díaz añade "Detrás del impacto de la revolución rusa ambos pensaron en Marx en términos de ruptura, por lo que la dinámica dominante de sus reflexiones es la de superación de una ortodoxia y la duda permanente acerca de la necesidad de reemplazarla. Por la misma razón, toman distancia de lo que era oficial en la esfera marxista antes de la Primera Guerra Mundial, colocándose fuera de la órbita de la Segunda Internacional."(Oswaldo Fernández–Diaz "Gramsci y Mariátegui : frente a la ortodoxia", Pág.135).

    Particularmente, para el caso de Mariátegui, los mismos autores señalan que el voluntarismo mariateguiano tiene un carácter anti-reformista, contrario al marxismo evolucionista y positivista de la Segunda Internacional, y que los elementos religiosos en su pensamiento están relacionados con la necesidad de un fuerte impulso ético, que supere el chato racionalismo del reformismo socialdemócrata, buscando aislar el marxismo del fatalismo socialdemócrata y recuperar su sentido heroico y creador y la centralidad del elemento volitivo. Es por ello que Melis, considera que "ante la aguda mirada de Mariátegui el triunfo de Lenin y los bolcheviques se presenta como una comprobación de la iniciativa subjetiva en la ruptura revolucionaria, vale decir, como un acontecimiento histórico que representa un franco y efectivo cuestionamiento del marxismo positivista de la Segunda Internacional y su visión fatalista de los procesos sociales (Carlos Arroyo Reyes, "La parábola mariateguiana de Antonio Melis", Pág.9).

    GRAMSCI Y MARIÁTEGUI SOBRE MARX Y LENIN

    Los "liquidadores" pretenderán que con esto estoy señalando que tanto Gramsci como Mariátegui fueron contrarios a V. I. Lenin. Nada más falso. Lo cierto es que, a su vez, Gramsci y Mariátegui coincidirán en la valoración de V. I. Lenin y su pensamiento, pero desde Marx.

    Así Gramsci dirá que "Marx inicia intelectualmente una edad histórica que durará probablemente siglos, esto es, hasta la desaparición de la sociedad política y el advenimiento de la sociedad regulada. Solo entonces su concepción del mundo será superada (concepción de la necesidad superada por la concepción de la libertad)" (Antonio Gramsci. "El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce". Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, Pág.82).

    Mariátegui acotará que "Mientras el capitalismo no haya trasmontado definitivamente, el canon de Marx sigue siendo válido. El socialismo, o sea la lucha por transformar el orden social de capitalista a colectivistas mantiene viva esa crítica, la continúa, la confirma, la corrige" (J.C. Mariátegui "La filosofía moderna y el marxismo", Defensa del marxismo, Págs.40 y 41).

    Y ambos ubicarán la relación Marx-Lenin de manera distinta a Bujarin, no dejando que tras esta relación "se cuele" encubierto y "actualizado" el marxismo de la II Internacional:

    "Trazar un paralelo entre Marx e Ilich para determinar la jerarquía respectiva es torpe y ocioso: ambos expresan dos fases : ciencia-acción, que son homogéneas y heterogéneas al mismo tiempo" (Antonio Gramsci. "El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce").

    "Lenin no es un ideólogo sino un realizador. El ideólogo, el creador de una doctrina carece, generalmente, de sagacidad, de perspicacia y de elasticidad para realizarla. Toda doctrina tiene, por eso sus teóricos y sus políticos. Lenin es un político: no es un teórico" (J.C. Mariátegui "Lenin", Variedades, 22/09/1923, publicado en "Mariátegui y la Revolución de Octubre. Escritos 1917-1930", Pág. 73).

  • La Irreverencia de Gramsci

    Narciso Isa Conde

    Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista de Italia, fue un teórico marxista absolutamente irreverente; tan renovador como el propio Marx, quien previendo ciertas y nocivas adhesiones dogmáticas se atrevió a proclamar: “yo lo que sé, es que yo no soy marxista”.
    El pensamiento de Marx no tiene nada que ver con el dogma, aunque han abundado los que se empeñaron en petrificarlo.

    No fue este el caso de Lenin. Tampoco el de Trosky.

    Y eso es lo que precisamente reivindicó Gramsci cuando le tocó escribir en 1918 respecto a la revolución bolchevique, la primera revolución obrera y popular de orientación socialista que resultó triunfante e inauguró una nueva época en el pasado siglo: la época del tránsito del capitalismo al socialismo.
    Tránsito difícil, complejo, accidentado…; cargado de herejía y originalidad, pero tambien de dogmas y negaciones de valores.

    Conciente de lo contento que se pondría el “espíritu” de Carlos Marx, este formidable pensador revolucionario italiano, escribió entonces un trabajo titulado: “La revolución contra ´El Capital´”.
    A la ligera cualquiera pudo pensar que Gramsci decía una verdad de perogrullo, esto es, que en ese artículo simplemente subrayaba el carácter anticapitalista de la revolución proletaria rusa.
    Pero no. Se trató de algo más profundo y atrevido: Gramsci quiso destacar que la revolución bolchevique se llevaba a caso en sentido diferente y contrario a ideas planteadas por Marx en su famosa obra “El Capital”; aunque ciertamente después de elaborar sus tesis fundamentales, Marx llegó a hablar marginalmente de la posibilidad de la revolución en Rusia, pese a su capitalismo atrasado)

    Yo quiero que sea el propio Gramsci quien exprese a través de esta columna ese atrevimiento, algo que sonrojó y sigue sonrojando a quienes quisieron –y quieren- hacer del socialismo científico (marxismo ??) una especie de religión; y de Marx, un ser infalible hasta en materia de predicciones, aunque ciertamente el tipo resultó en eso, y en muchas otras cosas más, algo mas que genial.

    Pongámosle atención a Gramsci:
    “La revolución de los bolcheviques se ha insertado definitivamente en la revolución general del pueblo ruso. Los maximalistas, que hasta hace dos meses fueron el fermento necesario para que los acontecimientos no se detuvieran, para que la marcha hacia el futuro no concluyera, dando lugar a una forma definitiva de aposentamiento -que habría sido un aposentamiento burgués- se han adueñado del poder, han establecido su dictadura y están elaborando las formas socialistas en las que la revolución tendrá finalmente que hacer un alto para continuar desarrollándose armónicamente, sin exceso de grandes choques, a partir de las grandes conquistas ya realizadas.”“La revolución de los bolcheviques se compone más de ideologías que de hechos. (Por eso, en el fondo, nos importa poco saber más de cuanto ya sabemos). Es la revolución contra El Capital de Carlos Marx. El Capital de Marx era, en Rusia, el libro de los burgueses más que el de los proletarios. Era la demostración crítica de la necesidad ineluctable de que en Rusia se formase una burguesía, se iniciase una era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera siquiera pensar en su insurrección, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución. Los hechos han superado las ideologías. Los hechos han reventado los esquemas críticos según los cuales la historia de Rusia hubiera debido desarrollarse según los cánones del materialismo histórico. Los bolcheviques reniegan de Carlos Marx al afirmar, con el testimonio de la acción desarrollada, de las conquistas obtenidas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como se pudiera pensar y se ha pensado.”“No obstante hay una ineluctabilidad incluso en estos acontecimientos y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan el pensamiento inmanente, vivificador. No son marxistas, eso es todo; no han compilado en las obras del Maestro una doctrina exterior de afirmaciones dogmáticas e indiscutibles. Viven el pensamiento marxista, lo que no muere nunca, la continuación del pensamiento idealista italiano y alemán, contaminado en Marx de incrustaciones positivistas y naturalistas. Y este pensamiento sitúa siempre como máximo factor de historia no los hechos económicos, en bruto, sino el hombre, la sociedad de los hombres, de los hombres que se acercan unos a otros, que se entienden entre sí, que desarrollan a través de estos contactos (civilidad) una voluntad social, colectiva, y comprenden los hechos económicos, los juzgan y los condicionan a su voluntad, hasta que esta deviene el motor de la economía, plasmadora de la realidad objetiva, que vive, se mueve y adquiere carácter de material telúrico en ebullición, canalizable allí donde a la voluntad place, como a ella place.”“Marx ha previsto lo previsible. No podía prever la guerra europea, o mejor dicho, no podía prever la duración y los efectos que esta guerra ha tenido. No podía prever que esta guerra, en tres años de sufrimientos y miseria indecibles suscitara en Rusia la voluntad colectiva popular que ha suscitado. Semejante voluntad necesita normalmente para formarse un largo proceso de infiltraciones capilares; una extensa serie de experiencias de clase. Los hombres son perezosos, necesitan organizarse, primero exteriormente, en corporaciones, en ligas; después, íntimamente, en el pensamiento, en la voluntad... de una incesante continuidad y multiplicidad de estímulos exteriores. He aquí po

    rqué normalmente, los cánones de crítica histórica del marxismo captan la realidad, la aprehenden y la hacen evidente, inteligible. Normalmente las dos clases del mundo capitalista crean la historia a través de la lucha de clases cada vez más intensa… “Todo esto, normalmente. Cuando los hechos se repiten con un cierto ritmo. Cuando la historia se desarrolla a través de momentos cada vez más complejos y ricos de significado y de valor pero, en definitiva, similares. Más en Rusia la guerra ha servido para sacudir las voluntades. Estas, con los sufrimientos acumulados en tres años, se han puesto al unísono con gran rapidez. La carestía era inminente, el hambre, la muerte por hambre, podía golpear a todos, aniquilar de un golpe a decenas de millones de hombres. Las voluntades se han puesto al unísono, al principio mecánicamente; activa, espiritualmente tras la primera revolución.”“Las prédicas socialistas han puesto al pueblo ruso en contacto con las experiencias de los otros proletarios. La prédica socialista hace vivir en un instante, dramáticamente, la historia del proletariado, su lucha contra el capitalismo, la prolongada serie de esfuerzos que tuvo que hacer para emanciparse idealmente de los vínculos de servilismo que le hacían abyecto, para devenir conciencia nueva, testimonio actual de un mundo futuro. La prédica socialista ha creado la voluntad social del pueblo ruso. ¿Por qué debía esperar ese pueblo que la historia de Inglaterra se renueve en Rusia, que en Rusia se forme una burguesía, que se suscite la lucha de clases para que nazca la conciencia de clase y sobrevenga finalmente la catástrofe del mundo capitalista? El pueblo ruso ha recorrido estas magníficas experiencias con el pensamiento, aunque se trate del pensamiento de una minoría. Ha superado estas experiencias… “Las críticas que los socialistas han hecho y harán al sistema burgués, para evidenciar las imperfecciones, el dispendio de riquezas, servirán a los revolucionarios para hacerlo mejor, para evitar esos dispendios, para no caer en aquellas deficiencias. Será, en principio, el colectivismo de la miseria, del sufrimiento. Pero las mismas condiciones de miseria y sufrimiento serían heredadas por un régimen burgués.”“El capitalismo no podría hacer jamás súbitamente más de lo que podrá hacer el colectivismo. Hoy haría mucho menos, porque tendría súbitamente en contra a un proletariado descontento, frenético, incapaz de soportar durante más años los dolores y las amarguras que le malestar económico acarrea. Incluso desde un punto de vista absoluto, humano, el socialismo inmediato tiene en Rusia su justificación. Los sufrimientos que vendrán tras la paz sólo serán soportables si los proletarios sienten que de su voluntad y tenacidad en el trabajo depende suprimirlos en el más breve plazo posible.”` “Se tiene la impresión de que los maximalistas hayan sido en este momento la expresión espontánea, biológicamente necesaria, para que la humanidad rusa no caiga en el abismo, para que, absorbiéndose en el trabajo gigantesco, autónomo, de su propia regeneración, pueda sentir menos los estímulos del lobo hambriento y Rusia no se transforme en una enorme carnicería de fieras que se entre devoran”. (A. Gramsci, Fragmentos del artículo: “La revolución contra El Capital”, tomado del libro: "Introducción al Pensamiento Socialista", de Néstor Kohan, pags 149, 150, 151, 152, y 153, Editora Ocean Sur) Esa manera heredoxa de pensar al socialismo tiene un hilo conductor en las obras de Marx-Engels-Lenin-Trosky-Rosa Luxemburgo-Sorel-Gramsci-Mariategui-Ernesto Guevara-Schafik Handal, entre otros y otras.

    Y es la manera de pensar que ha posibilitado la trascendencia de la creación teórica de estos seres extraordinarios, que pasando por épocas distintas, mantienen una gran vigencia.
    Socialismo del siglo IXX, válido para recrearlo en el XX y en el XXI. Socialismo del siglo XX, válido para el rearme del proyecto socialista en pleno siglo XXI

    El milagro de la herejía, de la creatividad, de la apertura de mente¡

  • De "Las Cenizas de Gramsci" a las de Pier Paolo Pasolini

    Omar Montilla

    Nada me ha atraído tanto como las vidas y las obras de Antonio Gramsci y de Pier Paolo Pasolini. Muchos amigos, con una mezcla de sorna y desdén no concebían mi admiración por estos personajes, argumentando que había otros quizá más interesantes e influyentes que éstos, que humildemente yo mostraba en mi vitrina. Quizá tenían razón, pero ese no era el motivo que justificaba mis preferencias, ahora mismo no lo sé plenamente, pero quizá me atrajo algo que los unía: en la vida y en la muerte fueron perseguidos. Y lo trágico no fue la muerte física de ambos, sino la saña conque las mismas se produjeron y en circunstancias muy diversas.

    Mas curiosidad sentí por ambos personajes cuando se unieron frente a mí cuando leí a Pasolini en su obra “Las Cenizas de Gramsci” [1]. Lo esencial de esa obra, es que le permitió encontrar a Pasolini un código para entender a Gramsci y comunicarse con él, pero a la vez muestra cierta incapacidad para responder con certeza a las preguntas, a las interrogantes, a las solicitudes que le hace Gramsci. El mismo Pasolini piensa, y lo dijo públicamente, que en lo que concierne a la cuestión intelectual existe también una continuidad objetiva entre su experiencia literaria y el pensamiento gramsciano relativo a un cierto tipo de cultura comunista, a un tentativo de encontrar un punto común entre la inteligencia y la voluntad.

    Pasolini se describe así: “He nacido [2] en una familia típicamente representativa de la sociedad italiana, un auténtico producto del cruce… un producto de la Unidad de Italia. Mi padre procedía de una antigua familia noble de la Romagna; mi madre, en cambio, viene de una familia de campesinos friulanos que con el tiempo, poquito a poco, han subido a la categoría pequeño burguesa.”

    Por ser un admirador profundo del pensamiento de Antonio Gramsci, a quien se intentó silenciar [3], Pasolini le dedicó lo mejor de su obra literaria, y como su “maestro”, fue siempre un contestatario y un trasgresor, no sólo ante los dogmas de la iglesia católica, sino también ante los que había adoptado el marxismo. Pero es el cine y el teatro, hay que reconocerlo, los medios ideales para la expresión artística de Pasolini, cuyas angustias las tradujo en imágenes y crudos diálogos tal como lo hizo en la primera de sus películas, una obra maestra del cine italiano: “Accatone”.

    Vivió sin perjuicios su homosexualidad como parte de su propia poética. Pasolini producirá toda una serie de largometrajes, como “Mamma Roma”. En “El Evangelio según San Mateo”, con un guión de extraordinaria calidad, encuentra en la fotografía el cenit de esta obra. La composición y la realización de esta obra maestra han sido producto de una gran minuciosidad en los detalles, recordándonos, cuando desfilan ante nuestros ojos, a muy conocidos cuadros de pintores renacentistas italianos.

    Otra obra no menos tentadora que la anterior es “Medea”. Siendo Pasolini un poeta, no le es difícil pensar a través de las imágenes, para abordar con rigor el ancestral mito griego que motivó una de las máximas tragedias de Eurípides. Como si fuera poco está protagonizada esta película por la legendaria cantante María Callas; Giuseppe Gentile, Máximo Girotti y el francés Laurent Terzieff.

    En "El Decamerón", que con "Los Cuentos de Canterbury” (I racconti di Canterbury)" y "Las mil y una noches” (Il fiore delle Mille e una notte) forman la "Trilogía de la Vida", inspirada en la obra de Giovanni Boccaccio. Con esta película, se proponía expresamente recuperar el lado humorístico y natural del sexo, echando por tierra los tabúes que suele llevar a cuestas.

    “Teorema” le produjo a Pasolini las más feroces críticas, tanto de la derecha que le disgustaba como presentaba el tema de la sexualidad, como de la izquierda que lo creía reaccionario, con el convencimiento de que se había convertido en un místico. Como en todos los lenguajes, los códigos no son fáciles de descifrar, creo que la intención del autor era retratar la forma cómo la burguesía italiana de su momento estaba perdiendo su identidad nacional.

    Mi intención en esta breve crónica no es la de hacer una crítica de la obra cinematográfica de Pasolini [4] –tarea muy laboriosa-, sino la de interesar a quienes me lean e intentar acercarlo a su quehacer diario. Cuando llegué a Italia en 1976, a sólo unos meses de haberse producido el asesinato de Pasolini [5] me tocó vivir el drama de su muerte continuada, día a día, y que se prolonga hasta el día de hoy. Allá como aquí se pueden justificar crímenes, atrocidades, golpes de estado, alegando siempre dudosas razones. En Italia, el mismo acusado del crimen adujo en su descargo razones “morales”, por las supuestas proposiciones sexuales que Pasolini le habría hecho.

    Ese fue el calvario que tuvo que soportar Pasolini después de muerto. Se trataba de justificar su muerte porque era homosexual. Más tarde se comprobó que para perpetrar ese crimen, intervinieron por lo menos 3 personas. Es decir, no fue un crimen por razones morales, sino que se trató de una conspiración para silenciar y privar de su talento a la cultura italiana y al mundo de un cine

    asta, dramaturgo y poeta extraordinario. Dos días antes de morir, Pasolini había escrito el discurso que leería en el congreso del Partido Radical. Otra persona lo hizo por él ante un auditorio silencioso y adolorido, que se electrizó desde sus comienzos cuando diría:

    En primer lugar, quisiera justificar mi presencia. No estoy aquí en calidad de radical. No estoy aquí como socialista. No estoy aquí como progresista. Estoy aquí como marxista que vota por el [Partido comunista italiano] y que ha depositado sus esperanzas en la nueva generación de comunistas. Que confía en la generación de comunistas por lo menos como confía en los radicales. Es decir, con esa dosis de voluntad e irracionalidad y tal vez algo de arbitrariedad que permiten desplazar -un poco escuchando a Wittgenstein- [6] la realidad para poder razonar libremente. Por ejemplo, el [Partido comunista] oficial declara que acepta, sine die, la praxis democrática. Así pues, yo no debiera dudar. Por descontado, el [Partido comunista] no se refiere con ello a la praxis democrática codificada y convencionalizada por el uso durante los últimos tres decenios, sino que se refiere, sin lugar a dudas, a la praxis democrática entendida en la pureza original de su forma, dicho con otras palabras, de su pacto formal. [7]

    Notas:
    [1] “Las Cenizas de Gramsci”, Editorial Visor, 144 págs. (Traducción de Antonio Colinas”). Hay una traducción de Elena Tardonato Faliere en http://www.tardonato.com.ar/cenizas1.htm
    “Le ceneri di Gramsci”, Editoriale Garzanti.
    [2] Nacido en Bologna, de un padre militar y de una madre maestra, será como su familia también un viajero siempre en movimiento de una región a otra, donde apreciará y reconocerá, desde muy niño, la influencia de la cultura popular y los valores estéticos de las diversas lenguas y dialectos de Italia. Pasolini comienza en el mundo de las letras como poeta y también incursiona en el periodismo, que crece en medio del fascismo y en la crisis de la Segunda Guerra Mundial. Como ensayista escribirá importantes cuadernos sobre la poesía popular italiana y, también, sobre la poesía dialectal que, en su infancia, era tan perseguida y silenciada en tiempos de Mussolini.
    [3] “Debemos impedir a este cerebro funcionar por veinte años”, expresó Michelle Isgrò, Fiscal del Ministerio Público en el proceso donde se juzgaba a Gramsci y a otros dirigentes comunistas italianos.
    [4] Consultar la página especialmente dedicada a Pier Paolo Pasolini:
    http://www.pasolini.net/espanol.htm (en español) y
    http://www.pasolini.net/index00.html (en italiano)
    [5] Véase la breve reseña de la vida y de la muerte de Pasolini en Wikipedia:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Pier_Paolo_Pasolini
    [6] Ludwig Wittgenstein nació en Viena en 1889, hijo de un próspero industrial del acero. En la casa paterna, Ludwig creció junto a sus siete hermanos, en un ambiente rico en estímulos culturales y artísticos. Brahms y Mahler, por ejemplo, eran huéspedes habituales de la familia. Véase la información completa en:
    http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=616
    [7] El Escándalo radical, de Pier Paolo Pasolini:
    http://www.radicalparty.org/opinion/pas1_s.htm

    Contacto con el autor:
    Internet: “La Página de Omar Montilla”
    http://lapaginademontilla.blogspot.com/
    Correo: omar1montilla@gmail.com

  • Antonio Gramsci: Socialismo y Revolución en Occidente

    Emilio J. Corbière

    Tras la caída del Muro de Berlín los únicos comunistas históricos que han quedado vigentes son el italiano Antonio Gramsci y el peruano José Carlos Mariátegui. Curiosamente, los dos, fueron ignorados o criticados por el estalinismo y la Internacional Comunista. Gramsci, igual que el Amauta peruano, moviliza el pensamiento y la acción de la izquierda en el nuevo milenio.

    Hace poco más de dos décadas, en su ensayo La revolución italiana, Rossana Rossanda se preguntaba qué lectura de Gramsci tenía vigencia, la del político juvenil que planteaba la renovación del Partido Socialista en los años de la primera posguerra mundial, que buscaba en los consejos de fábrica de Turín un nuevo poder democrático, o la lectura del intelectual maduro de los Cuadernos de la cárcel, donde replanteó la política marxista adaptándola a la realidad de Italia, frente a la tiranía mussoliniana, la estructura de las clases sociales y el desarrollo de las nuevas fuerzas productivas.

    La intelectual italiana decía que Gramsci interesa en lo específico del poder y ese poder no se concentra en un palacio de Invierno que haya que tomar, sino que se establece en un Estado-gobierno que difunde y permea la sociedad. Es la búsqueda del autogobierno de los trabajadores, como una nueva forma del ejercicio del poder. Esta nueva forma constituye el embrión y el proyecto de la sociedad futura.

    Gramsci fue un intelectual revolucionario, no un académico. El problema de la organización de los trabajadores atraviesa centralmente todo su pensamiento. La organización no se plantea como instrumento de reclutamiento y selección o como tarea de especialistas que dirigen a las masas, sino como el príncipe moderno, el intelectual orgánico, una organización a través de la cual los trabajadores ponen en pie su propia organización. El italiano revaloriza el papel del Partido y de los sindicatos y construye el concepto de "bloque nacional-popular", de alianzas dirigidas a establecer, necesariamente, las nuevas formas de hegemonía. Esto visto desde la realidad italiana, especialmente con su aporte: La cuestión meridional.¿A qué apunta el príncipe moderno, el intelectual orgánico? Gramsci responde: "A buscar la relación entre la organización y las masas como una relación entre educadores y educados que se invierte dinámicamente (y constantemente), el papel de los intelectuales -y, por tanto, de los especialistas- en el seno del intelectual orgánico, la conquista y transformación de los aparatos del Estado para crear las condiciones de esa nueva hegemonía, la conquista y transformación de los aparatos de la sociedad civil".

    El concepto de hegemonía en Gramsci está ligado a la distinción, y a la vez interrelación, entre sociedad política (el Estado) y sociedad civil. El Estado, para el italiano, no se reduce sólo a sus aspectos coercitivos (como en la concepción de Stalin) sino que comprende el conjunto de procesos que se desarrollan en la sociedad civil, las fuerzas espontáneas y creadoras que nacen en la práctica social del pueblo, de los trabajadores. La sociedad civil conforma la esfera ideológica del Estado.

    Guerra de posiciones

    Para Gramsci, en las sociedades occidentales, el cambio revolucionario sólo puede darse si se lucha por la hegemonía social y cultural. Esa hegemonía se desarrolla cuando las clases oprimidas despliegan su propia concepción del mundo y obtienen para ella el "consenso activo" de otras clases y capas sociales. En síntesis, la revolución se prepara y sobreviene como cambio estructural violento cuando los trabajadores organizados trascienden el gueto sindical y se transforman en clase nacional, asumiendo a la nación en su conjunto y bajo su hegemonía y dirección política. "El proletariado -afirmaban Marx y Engels en el Manifiesto de 1848- debe erigirse en clase nacionalmente dominante, constituirse como Nación".

    El partido y el sindicato, en Gramsci, dentro de lo que él denominó guerra de posiciones -es decir lo contrario a la ofensiva frontal- implicaba la búsqueda correcta de alianzas de clase, la teorización de la fase actual del capitalismo globalizado y de las contradicciones específicas engendradas en el desarrollo desigual.El aspecto fundamental en Gramsci se encuentra en su reflexión sobre la necesidad, que es a la vez exigencia, de que el movimiento de los trabajadores despliegue su propia conciencia de una nueva humanidad y cultura. El filósofo Rodolfo Mondolfo señalaba que "por esa hegemonía Gramsci aspira a la formación del bloque histórico de élite y masa... es decir a la superación de su cisma actual".

    En ese sentido, Gramsci decía que "el elemento popular siente, pero no siempre comprende o sabe; el elemento intelectual sabe, pero no siempre comprende y especialmente no siempre siente".

    Por eso postula la unión entre intelectuales y pueblo-nación en la cual "el sentimiento-pasión se convierte en comprensión y por lo tanto en saber (no mecánicamente sino de un modo vivo)" y "sólo entonces la relación es de representación y se produce el intercambio de elementos individuales, entre gobernantes y gobernados... esto es, se realiza la vida de conjunto que es lo único que constituye la fuerza social, se crea el bloque histórico".

    Política y pasión

    Gramsci, que había nacido en 1891, fue el organizador del Partido Comunista Italiano, fue el secretario general de esa organización y diputado. Colaboró con El Grito del Pueblo (1915) y el diario socialista Avanti (1916). Fundó La Ciudad Futura y el legendario L'Ordine Nuovo. Impulsó los consejos de fábrica en Turín (1919) y fue uno de los políticos fundamentales de la resistencia antifascista, hasta que fue encarcelado en 1927, muriendo trágicamente tras largo cautiverio el 27 de abril de 1937

    . El fiscal mussoliniano que contribuyó a su condena dijo durante el proceso:

    "Tenemos que impedir durante veinte años que este cerebro funcione".

    Durante su prisión logró escribir los famosos Cuadernos de la Cárcel que, en una primera versión fueron desglosados por Palmiro Togliatti, su compañero y amigo, en seis volúmenes titulados: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce; Los intelectuales y la organización de la cultura; Il Risorgimento; Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el Estado Moderno; Literatura y vida nacional y Pasado y Presente. Valentino Gerratano editó luego los Cuadernos de manera cronológica, como habían sido escritos originalmente, restaurando así la unidad filológica y teórica del pensador y político italiano.

    Togliatti señaló, en 1952, en una conferencia sobre El Antifascismo de Gramsci que "Gramsci ha conmovido, animado, exaltado con su sacrificio a millares de seres humanos. Empero también los ha iluminado con su pensamiento potente, genial. En la luz de ese pensamiento y por el bien de todos, nosotros caminamos".

  • Bolívar, Garibaldi y Gramsci: Emancipación y Revolución

    Luis Britto García
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    Las dos gestas más inspiradoras para revolucionarios italianos y latinoamericanos son la de Simón Bolívar y la de Giuseppe Garibaldi. Ambos emprenden luchas de emancipación política para cortar los vínculos externos que sujetan a sus pueblos a soberanías extranjeras. Ambos emancipan para unificar pueblos liberados. Ambos promueven ideas republicanas, democráticas y de secularización del Estado, y con las limitaciones propias de cada época, planes de reforma social y económica. Los dos emancipadores sufren un destino patético: culminada la epopeya militar, fuerzas oscuras truncan su proyecto político y social. Dijo Voltaire que los profetas armados siempre derrotaron a los desarmados. Dos profetas invencibles parecen aniquilados por fuerzas sin rostro y sin armas. Invoquemos al profeta desarmado Antonio Gramsci para identificarlas.
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    Ante todo, desentrañemos las relaciones entre luchas de emancipación y revoluciones. Mentalidades neocoloniales descalifican todo patriotismo y tachan de delito la aspiración de los pueblos en desarrollo de no ser gobernados por extranjeros, mientras que ellos se afanan en preservar incólumes indisolubles e inviolables lealtades políticas, jurídicas e ideológicas con poderes imperiales. Tras la globalización del capital, la transnacionalización de la ciudadanía. Lo cierto es que las guerras de emancipación política o liberación nacional son episodios de la lucha de clases. En ellas una clase dominante para expulsar a otra llama en su auxilio a las castas dominadas, como ocurrió con los blancos criollos en América. O bien una clase dominada casi aniquila a la dominante, como hicieron los esclavos con sus amos en Haití, los campesinos asiáticos con japoneses y colonialistas europeos en la Revolución China y los campesinos antillanos en la Revolución Cubana. La emancipación se convierte en revolución cuando arrebata a la clase dominante tanto sus explotados como su ejército y sus aparatos ideológicos.
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    Así, Bolívar culmina la campaña de emancipación política iniciada por la oligarquía local de los blancos criollos contra los peninsulares, pero ésta sólo se decide cuando los independentistas convocan en su ayuda a indígenas, esclavos, pardos y blancos de orilla. Para crear un nuevo ejército, Bolívar ofrece la libertad a los esclavos que se alisten, reparte títulos de tierras a los milicianos, libera de la servidumbre a los indígenas. Vale decir, todo proceso de emancipación política marcha al mismo paso que su proyecto de emancipación social. La Independencia no sólo corta vínculos con la monarquía española: también le clausura

    toda posteridad en América al imponer instituciones republicanas que constituyen una revolución política equivalente a la francesa. El proyecto emancipatorio no puede sin embargo unir grandes bloques geopolíticos para equilibrar la influencia estadounidense y europea. El Congreso de Panamá falla en el intento de consolidar una federación americana con ejércitos bajo dirección común. La Gran Colombia, que unificaba la capitanía general de Venezuela y el virreinato de la Nueva Granada, se disuelve poco antes de la muerte de El Libertador. Los próceres independentistas se apoderan de las tierras concedidas a sus soldados; mantienen la esclavitud y confiscan el poder político reservando el ejercicio del voto para los propietarios, en esa prolongación de la sociedad de castas que será denominada República oligárquica.
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    Apliquemos a esta perduración de superestructuras las categorías de análisis de Gramsci. En la América recién emancipada apenas varían las fuerzas productivas: esclavos y trabajadores semifeudales siguen explotando minas y latifundios con técnicas arcaicas. Apenas se alteran las relaciones de producción basadas en la esclavitud y la semiesclavitud por deudas del trabajo asalariado. El mismo bloque hegemónico ejerce casi idénticos poderes mediante instituciones religiosas, educativas y medios de comunicación que apenas se modifican. Los próceres que devienen terratenientes se alían al bloque dominante y ejercen provechosos despotismos. Quienes intentan reformas son asesinados como Antonio José de Sucre, o empujados al exilio, como Bolívar y San Martín. Las reivindicaciones pendientes se dirimirán después en sangrientos conflictos fratricidas.
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    Igual de gallarda y trágica es la gesta de Giuseppe Garibaldi. Tiene por escenario dos mundos, en los que reúne ejércitos no convencionales para lograr brillantes triunfos militares. Como Bolívar, asume la emancipación política como pedestal para un proyecto integrador, en este caso el de la unidad italiana. Libra una guerra de emancipación por Uruguay y tres por Italia; participa en la contienda franco prusiana y abriga proyectos de liberación de Grecia, Croacia y Hungría. También batalla por estructuras modernizantes: igualdad jurídica garantizada por gobiernos laicos, republicanos y democráticos, y por reformas económicas y sociales. Así, tras el desembarco de los Mil en Marsala y la asunción de la dictadura en nombre de Vittorio Emanuele II, Garibaldi promete una reforma sobre los latifundios, la eliminación de tributos y de cánones sobre las tierra. Estas promesas atraen a sus filas legiones de campesinos que le facilitan su gran victoria en Calatafimi y la continuación de la campaña hacia el Norte. En nombre de Garibaldi los campesinos invaden los feudos de los barones latifundistas y las tierras comunales; Mazzini, por su parte, propone una constituyente que institucionalice la propiedad de las tierras invadidas. Todas estas iniciativas quedan en el aire ante el temor de una expedición de Napoleón III y de una guerra campesina que hubiera podido entorpecer el desarrollo industrial del Norte.En definitiva, Garibaldi se ve forzado a aceptar la monarquía de Vittorio Emanuel y las concesiones de Cavour por no dificultar la casi culminada unidad italiana, que quedará inconclusa hasta entrado el siglo XX en el llamado Irredentismo. Consciente de la frustración de sus proyectos republicanos, después de ser elegido diputado renuncia al Parlamento italiano en 1870, para retirarse a una suerte de exilio interno en la isla de Caprea hasta su fallecimiento en 1882.
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    Los brillantes comandos militares y políticos de Bolívar y Garibaldi fueron tan decisivos para el triunfo de sus proyectos emancipadores como ineficaces para la culminación de sus planes unificadores y modernizantes. Para el segundo caso, Gramsci señala con nitidez cómo la ausencia o la morosidad de un programa de reivindicaciones políticas y sociales retrasó el proceso:En el Risorgimento italiano puede observarse la desastrosa falta de dirección político-militar, especialmente en el partido d´Azione (por incapacidad congénita), pero también en el partido piamontés-moderado, igual antes que después de 1848, y no por incapacidad, ciertamente, sino por “maltusianismo económico-político”, o sea, porque no quería aludir siquiera a la posibilidad de una reforma agraria ni convocar una asamblea nacional constituyente, sino que tendía simplemente a conseguir que la monarquía piamontesa se extendiera por toda Italia sin condiciones ni limitaciones de origen popular, con la mera sanción de los plebiscitos regionales (Gramsci: Escritos políticos (1917-1933), Siglo XXI editores, México 1977, p.349).Vale decir, no hay proceso emancipatorio de probeta, que no enarbole reivindicaciones económicas y sociales. Pero tras la gesta de Garibaldi, las fuerzas productivas y las relaciones de producción que mantenían la propiedad agraria feudal y el incipiente capitalismo italiano tampoco fueron casi alteradas. Religión, aparato educativo y medios de comunicación sufrieron pocas transformaciones. El compacto bloque hegemónico quedó libre de las diversas dominaciones extranjeras casi sin experimentar modificaciones, dejando pendientes agendas que darían lugar a exacerbadas pugnas políticas y sociales.
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    Todos somos herederos de Bolívar, de Garibaldi y de Gramsci: tanto de sus esplendorosos triunfos militares e intelectuales como de sus agendas inconclusas. En algunos países desarrollados los movimientos revolucionarios se estancaron. En los dependientes, dinámicos procesos de emancipación política o de descolonización coinciden con tomas de control de fuerzas productivas, irresistibles movilizaciones sociales y reestructuraciones o realineaciones de la lealtad de los ejércitos. Así como un proceso de emancipación no marcha sin programa económico y social, el programa social y económico puede convertir la emancipación en revolución. Las espadas de Bolívar y de Garibaldi y la reflexión de Gramsci tienen todavía mucho que hacer en el mundo. Armas libertadoras y pensamiento esclarecido capaz de conquistar infraestructuras productivas y superestructuras ideológicas son nuestras primeras necesidades.

  • Antonio Gramsci y el concepto de Bloque Histórico: Contribución para un análisis "a la venezolana"

    Omar Montilla

    ¿Quién es Antonio Gramsci?

    Pocos personajes en la historia reciente, no sólo de Italia, sino del mundo, han alcanzado la dimensión humana, política e intelectual de Antonio Gramsci [22-01-1891 / 27-04-1937]. No sólo fue un pensador, un filósofo, un sociólogo, sino que la estatura moral y ética que acompaña a sus escritos están íntimamente vinculados a una vida heroica, de sacrificio, de entrega por la felicidad de su país. Aunque secuestrado por años en la cárcel, su cerebro luminoso nunca dejó de funcionar, de trabajar, de producir, de amar. Militante socialista, luego se encontró entre los fundadores del Partido Comunista Italiano (PCI). En la prisión, donde murió, fue sometido a todo tipo de vejámenes, pero por su tesón y su ardor, las reflexiones y los análisis de la sociedad italiana y su contexto histórico quedaron plasmados en sus “Cuadernos de la Cárcel” [Cuaderni del Carcere]. Su lado humano lo encontramos retratado en las epístolas a su familia y a sus amigos personales y políticos, recogidas en un volumen titulados “Cartas de la Cárcel” [Lettere del carcere].

    Durante muchos años Gramsci permaneció “sepultado” por el fascismo, por la guerra, por la incomprensión. Inclusive dentro del propio PCI no era del todo tolerado. Más bien se le consideraba, dentro del pensamiento marxista imperante, una especie de “hereje”, por la novedad de sus planteamientos. Sólo el colapso de la Unión Soviética permitió “reflotar” a Gramsci. ¿Por qué? Por una razón muy especial: la teoría del consenso, que consiste --palabras más, palabras menos—en que resulta materialmente imposible construir una sociedad socialista mediante la imposición de un sistema, desde adentro o desde afuera, si antes no se ha logrado el asentimiento mayoritario de la población, es decir “negociando” un consenso mediante mecanismos de persuasión cultural para conseguir la hegemonía en el campo intelectual y moral.

    El nuevo Bloque Histórico que emerge, debe estar impregnado de este carácter e inscrito dentro de esta teoría del consenso. Así lo expone el filósofo polaco Adam Schaff cuando señala lo siguiente:
    “Mientras que Marx subrayaba la importancia de las condiciones objetivas de la revolución, Gramsci desarrolló, en un periodo posterior, aprovechando la experiencia de la revolución soviética, la teoría del consenso como teoría subjetiva de la revolución socialista. Sin el acuerdo de la sociedad, no se puede realizar con éxito la revolución ni mucho menos verificar el dominio de la clase obrera como hegemonía moral y política (y no como imposición violenta). Este consenso debe lograrse mediante el trabajo ideológico. De ahí el importantísimo papel que Gramsci atribuye a la intelectualidad en su teoría de la revolución socialista".

    En Venezuela hemos optado por aplicar la teoría del consenso, desechando por todo tipo de imposición. Durante años hemos tratado de convencer a la población de la justeza de nuestra causa y el pueblo ha respondido, en 9 procesos electorales consecutivos, dándonos la razón, apoyándonos, señalándonos el camino. La última consulta electoral fue decisiva, cuando el presidente Chávez planteó al electorado la opción de la vía socialista y el resultado fue la aprobación mayoritaria de nuestro pueblo.

    En la etapa crucial en que se encuentra Venezuela, es buena la ocasión para dotar a nuestro movimiento en ciernes, de instrumentos metodológicos para poder entender la realidad de nuestro país. Por eso el empeño del presidente Chávez en su clase magistral en el Teatro Teresa Carreño la noche del 22-06-2007. He estudiado a Gramsci y he expuesto en muchos ambientes sus ideas, pero tengo que reconocer, a riesgo de parecer lisonjero, que esa intervención fue realmente muy esclarecedora.

    Pero antes de esta incursión presidencial por las ideas de Gramsci, señalaba el 02-06-2007, ante cientos de miles de personas congregadas en la Avenida Bolívar, lo siguiente:
    “Por eso, es que voy a valerme del pensamiento, de algunas de las ideas de ese gran pensador revolucionario italiano, Antonio Gramsci, para hacer una reflexión sobre el momento que estamos viviendo [...] Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer [...] En el tiempo y en espacio donde esto ocurre, ahí se presenta una auténtica crisis orgánica, crisis histórica, crisis total [...] Aquí en Venezuela no lo olvidemos, desde hace varios años estamos en una verdadera crisis orgánica, una verdadera crisis gramsciana, una crisis histórica. Lo que está muriendo se niega a morir y todavía no termina de morir y lo que está naciendo tampoco ha terminado de nacer [...] Estamos en el epicentro de la crisis, buena parte de los años por venir formarán parte de esa crisis histórica hasta que no muera definitivamente la IV República y nazca plenamente la V, la República socialista y bolivariana de Venezuela”.

    ¿Por qué estudiar a Gramsci?

    Podemos aproximarnos por la vía de su ejemplo vital, a dar una somera explicación, para poder entender lo que es el poder y el ejercicio del mismo. Primero hay que estudiar el concepto de Estado, teniendo en cuenta que cuando hizo ese análisis sobre la realidad italiana, no sólo tuvo en cuenta su estructura económica y la influencia que ejercía sobre la sociedad en su conjunto, sino que además servía de correa

    de transmisión de la ideología dominante de todo aquello que acontecía en la relación entre la estructura y la superestructura. A este concepto, Gramsci le dedica mucho espacio en sus estudios para explicarlo, por la influencia que ejercía en las tareas desempeñadas por las fuerzas políticas que luchaban por la transformación de esa sociedad.

    Una filosofía que se empeña en la praxis, en la tolerancia, en el consenso, en la persuasión ha dado buenos resultados en nuestro país y de allí que se haga obligatorio para nuestros compatriotas estar armados ideológicamente para las eventualidades que están por venir.

    El Estado, lejos de ser opresor como en el sistema capitalista, según Gramsci, se convierte en “educador”, en instrumento de “unidad intelectual y moral”, como complejo de relaciones sociales a través de las cuales no sólo se domina sino también se dirige a la sociedad, integrando a los gobernados en un consenso de valores universales. Es bajo esta dirección ética y cultural que, en el marco de un desarrollo en donde las relaciones sociales y económicas se constituyen en un “bloque histórico”, allí se encuentran orgánicamente la estructura y la superestructura, unificada por una “voluntad colectiva”.

    Bloque Histórico, sistema, estructura y superestructura

    El presidente Chávez insistió mucho en el concepto de Bloque Histórico, y vamos a tratar de hacer una sucinta explicación para ir adentrándonos en el contenido del concepto: En una época histórica determinada se conjuga la existencia de una estructura (que es un sistema) que genera una superestructura. Entre ambas se establece una ligazón, que las mantiene unidas, en permanente interrelación. Estas categorías sólo pueden funcionar dentro de un contexto determinado, que es lo que se denomina Bloque Histórico, que basado en una situación histórica determinada en constante evolución permite a su vez que también lo hagan la estructura y la superestructura.

    Para que un Bloque Histórico sea viable, tiene que funcionar dentro y con un sistema, entendido éste por un conjunto de elementos que se unen entre sí armónicamente para alcanzar un fin determinado. Un sistema no es la mera suma de elementos, sino que este es posible sólo cuando los elementos constitutivos lo hacen a través de una serie de interrelaciones simultáneas en la diversidad, pero guardando cierta sincronía. El sistema genera a su vez manifestaciones ideológicas que permiten el control de las clases dominantes (que son la minoría) sobre las clases dominadas (que son la mayoría).

    El sistema económico-social, como ya lo hemos dicho genera su superestructura, en la que se ubica la ideología, y este el secreto de la hegemonía. Pongamos un ejemplo: Un automóvil es un sistema de partes interconectadas entre sí que permiten que esta armazón funcione, que pueda rodar. Al rodar, se le da un uso, bien sea para el placer o para desarrollar actividades económicas productivas. Siendo el automóvil un conjunto de partes, éstas a su vez constituyen un sistema también, como es el caso del carburador, que está formado por otras pequeñas piezas que hacen posible su funcionamiento, o el motor, o la caja de velocidades. Entre el carburador, el motor, la caja de velocidades y demás elementos se establecen relaciones armónicas que se interconectan por un sistema eléctrico o de refrigeración. En resumen, un automóvil es un sistema de sistemas, como lo es el cuerpo humano, como lo es la sociedad, como lo es una estructura.

    Llega un momento en que el sistema se va desgastando, sea éste mecánico, biológico, económico o social. Es decir, se produce una crisis dentro de los órganos, de los elementos constitutivos, es lo que Gramsci denomina una “crisis orgánica”, que se evidencia en una relajación de los vínculos entre la estructura y la superestructura, llegando al momento extremo en que el sistema colapsa, hace crisis. La manifestación más evidente es que se va produciendo una ruptura ideológica, ya que el sistema no puede seguir generando los elementos que le permite mantener su hegemonía, su control. Quienes en una sociedad tienen el papel de ser transmisores de la ideología son los intelectuales, que recuperan su papel histórico y no siguen representando más a las clases dominantes.

    El concepto gramsciano de bloque histórico presupone la existencia de una íntima interacción entre la base (estructura) y la superestructura. Aquí entran en juego otras consideraciones muy subjetivas, que las toma Gramsci de la filosofía de Benedetto Croce, en la cual los fenómenos culturales y espirituales tienen una gran importancia en la sociedad. Los marxistas “puros” no encuentran esta concepción adecuada, porque Marx, hace depender la superestructura de las relaciones de producción. Gramsci lo que hace es invertir esta relación del bloque social, por lo que la economía, al contrario de Marx y Engels, deja de tener un papel fundamental, pues ya no se privilegia la estructura y en cambio piensa que la superestructura política, institucional, cultural no es sino una consecuencia del basamento histórico.

    Como lo explicaba el presidente Chávez en su discurso del 02 de junio:
    “…la superestructura tiene dos niveles: uno, la sociedad política y el otro la sociedad civil, la sociedad política [son] las instituciones del Estado, las instituciones del gobierno, las instituciones políticas pues; y la sociedad civil el otro nivel de la superestructura del bloque dominante es la llamada sociedad civil. La sociedad civil según Gramsci es un complejo conjunto de instituciones, instituciones económicas de organismos o instituciones comúnmente llamadas privadas, […] a través de las cuales […] esas instituciones, organismos privados, la clase dominante hegemónica puede difundir, extender y colocar en todos los planos de la vida su ideología, la ideología de la clase dominante y aquí llegamos a la realidad venezolana de hoy. Una de las grandes contradicciones que hoy tenemos en Venezuela esta precisamente allí, entre la sociedad política, el Estado que ha venido experimentado un proceso de transformación y de liberación […] y una llamada sociedad civil de instituciones comúnmente privadas que ya no controlan el Estado porque para que el bloque histórico en este caso me estoy refiriendo al bloque histórico del pasado, al bloque histórico que la clase dominante en Venezuela fue capaz de estructurar con el nombre del pacto de Punto Fijo, un pacto de la clase dominante.”

    Antonio Gramsci define al bloque histórico como aquel constituido por dos esferas, siendo que a un cierto modo de producción corresponde una estructura social determinada en la que domina una clase fundamental. Será esta clase quien desarrollará progresivamente --y por medio de la especialización de sus actividades-- una superestructura diferenciada que le brindará tanto homogeneidad hacia su interior y conciencia de su propia función como la dirección política –-o hegemonía-- sobre las otras clases.
    Esta dirección de la sociedad es ejercida por una capa que se encuentra orgánicamente ligada a la clase dirigente: los intelectuales orgánicos. Elaborando la ideología de la clase dominante y transformándola en una concepción del mundo que impregna a todo el cuerpo social, los intelectuales orgánicos conforman y administran el complejo superestructural estableciendo una ligazón del mismo con la estructura; constituyendo de esta manera al bloque histórico.

    Gramsci recordó la afirmación de Engels de que la economía es sólo en «última instancia» el resorte de la historia. Marx sostiene que es en el terreno de las ideologías donde los hombres toman conciencia de los acontecimientos que suceden en el mundo de la economía. Sin embargo “al decir esto ¿no afirmamos la necesidad y la validez de las “apariencias?”, entendido el término “apariencia” como la afirmación de la caducidad de todo sistema ideológico.

    Sin ser un pacifista a ultranza, Gramsci cree que la toma violenta del poder es una visión errónea que puede conducir al fracaso. La lucha de clases no necesariamente es un encuentro frontal entre los capitalistas y los trabajadores, en la misma es aconsejable una suerte de cooperación con otras fuerzas sociales que pudieran en determinado momento coincidir en sus planteamientos con los de los trabajadores.

    Las crisis de los sistemas

    Dentro de un sistema en decadencia, se produce una lucha interna por la supervivencia. Si es un sistema mecánico, como el automóvil, el cuerpo humano o la estructura económico-social, las diferentes piezas se van a encontrar con problemas que tienen que afrontar en común, pero al ser la crisis inevitable, se arriba a la etapa culminante: la entropía. La entropía es el caos, el desorden, el fin, la muerte.

    Las crisis no son todas orgánicas. Son como las enfermedades en el cuerpo humano que se pueden superar con un adecuado tratamiento. En un sistema económico-social dado, se requiere una ruptura, pero de tal magnitud que sea [como también se llama], epistemológica; es decir que se sumerja en las raíces, en la base, en los fundamentos.

    Sólo la unión estrecha entre los integrantes de las clases dominadas, las clases subalternas, podrá permitir la creación de un sistema hegemónico, que presupone una ruptura que arrastre a las clases dominantes (la burguesía) para así tomar el lugar que éstas detentan dentro del sistema. La lucha de clases, el enfrentamiento entre la burguesía y la clase obrera, entre los ricos y los pobres, entre los que todo lo tienen y los que poco o nada tienen, es una crisis orgánica.

    Según Gramsci, la ruptura que se produce entre la estructura y la superestructura, es como ya hemos dicho, una crisis orgánica. Esta crisis es una lucha entre las pretensiones de los desposeídos y los ricos. Esta crisis se manifiesta entre la resistencia de lo viejo por extinguirse y la lucha de lo nuevo por emerger, por brotar, por salir a la superficie. En palabras de Gramsci: “La crisis consiste en que muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo”.

    Cuando un sistema deja de cumplir los objetivos para los cuales fue creado confronta problemas: si un automóvil sufre un accidente, o una persona se enferma, o la estructura de un edificio cede, entonces se produce una crisis. Cuando la clase dirigente ya no cumple su función, que se manifiesta en el ámbito económico y cultural, entonces se produce una ruptura y la ideología que sustenta al sistema y permite la hegemonía, se pierde.

    El fin del Bloque Histórico

    Sólo es posible cuando la crisis es de tal magnitud que se convierte en crisis orgánica, o lo que es lo mismo, las clases dominantes ya no están en capacidad de ejercer la hegemonía, los de abajo se dan cuenta de las debilidades de sus tiranos y comienzan a “perderle el respeto”, los ricos ya no están en capacidad de hacerse obedecer, como ocurrió en el “Caracazo”. Gramsci la denomina “crisis de autoridad”, por ende es un fenómeno atribuible sólo a quienes ejercen el dominio, la hegemonía.

    La crisis de autoridad necesita la conjugación de dos eventos: uno es el estallido de una situación que genera un vendaval político, como el “Caracazo” (27, 28 y días siguientes, en febrero de 1989), o la sublevación del 4 de febrero de 1.992, que permite pasar de la inactividad a la actividad; y el otro evento es la derrota del bloque histórico en una situación política determinada, como fueron las elecciones del 6 de diciembre de 1.998. En otras palabras, se pasa de un salto cualitativo a un salto cuantitativo, de eventos o sacudones insurreccionales y de derrotas políticas a una nueva etapa, que es el camino a la revolución. Se pueden hacer consideraciones y especulaciones en torno a la teoría gramsciana, pero creo que esta sería la interpretación adecuada para la situación de Venezuela.

    ¿Todas las crisis conducen a una revolución? Por supuesto que no, pero todas guardan en su seno el germen que tarde o temprano destruirá el sistema. Las clases dirigentes tienen amplia capacidad de maniobra y tienen la plena conciencia de su papel histórico para usar los instrumentos que tienen a la mano para conjurarlas. Por ejemplo, Carlos Andrés Pérez y su equipo sortearon por un tiempo la crisis del “Caracazo”: usaron todos los resortes del poder, recurrieron a sus intelectuales, a las leyes, a la convicción, a la coacción y la coerción. En fin, pudieron por un tiempo recomponer a la sociedad civil. En el caso del “Caracazo” no existía un liderazgo, de manera que ese gobierno y las clases dominantes que lo apoyaban pudieron hacer cambiar algunas cosas, para que todo siguiera igual.

    Las crisis son impredecibles. No tienen un comienzo ni un fin determinado y pueden evolucionar e involucionar de acuerdo a las condiciones objetivas y subjetivas.

    BIBLIOGRAFIA
    Sobre Gramsci:
    01. Robert Maggiori y Dominique Grisoni, “Leer a Gramsci”, Editorial Zero, Madrid 1974
    02. María Antonietta Macciocchi, Gramsci y la revolución en Occidente, México 1976
    03. Hugues Portelli, “Gramsci y el bloque histórico”, Siglo XXI Editores, 1973
    De Gramsci:
    04. “El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce”, Ediciones Visor, Buenos Aires 1971
    05. “Lettere dal carcere” (1947)
    06. “Gli intellettuali e l'organizazione della cultura (1949)
    07. “Letteratura e vita nazionale” (1950)
    08. “Passato e presente” (1951)
    09. “L’Ordine Nuevo” (1954)

    Contacto con el autor
    Internet: www.lapaginademontilla.blogspot.com
    Correo: omar1montilla@gmail.com

  • Hugo Chávez presenta a Gramsci ante cientos de miles de personas

    Antonio Maira

    ¿Quién concibe a un Zapatero o a un Llamazares explicando la actual situación política española con los poderosos conceptos del pensador italiano Antonio Gramsci? ¿Quién es capaz de imaginarlos compartiendo ideas con el pueblo, proponiendo análisis políticos y sociales; hablando de la historia, del futuro y del proceso actual con los gobernados a los que dicen representar? El día 2 de junio, Chávez se dirigió a una multitud que algunos cifraron en más de un millón de personas, casi todas ellas correspondientes a los sectores más populares y más humildes de Venezuela. El presidente bolivariano quería explicar lo que ocurría a un país alertado, hasta cierto punto sorprendido y sobresaltado por la sucesión de violentas guarimbas…

    El presidente bolivariano empezó haciendo referencia a la historia como “maestra, espejo y fuente de la que hemos de beber” para entender el presente y el curso actual de los acontecimientos. Y después de la historia habló de la filosofía: “la filosofía no es más que la expresión de los momentos de la historia, interpretados por pensadores y estructurados en cuerpos filosóficos”; y de la realidad más visible: “lo que hoy, lo que hoy vemos, esas estructuras, esos edificios, este valle, esos barrios, esta avenida es producto de una historia. Nosotros somos producto de una historia”.Con su auditorio situado en la historia, en el pensamiento que reflexiona sobre ella y en la realidad más concreta que es su resultado, Chávez le habló al pueblo del camino. “Por ese camino venimos… apenas estamos iniciando el ciclo bicentenario que ha arrancado acelerando el proceso de transformación revolucionaria”. La recuperación del control de la Faja Petrolífera del Orinoco, la nacionalización de la compañía de teléfonos, la nacionalización de empresas eléctricas. La búsqueda de la unidad revolucionaria: “nos hemos registrado como aspirantes a militantes del partido socialista unido de Venezuela la cantidad de cuatro millones 735 mil venezolanos y venezolanas, ¡que molleja primo! ¡ná guara!”. Y, por ahí, hablando del largo camino en las revueltas históricas contra la oligarquía, llegó Chávez al corazón del problema, al origen del nuevo intento desestabilizador: “se acabó la concesión que desde hace 53 años la élite oligárquica venezolana manejaba para su uso y abuso y beneficio del canal 2 de televisión del espectro electromagnético venezolano y hoy tenemos ese canal 2 liberado, ya no es de la oligarquía, ni volverá a ser de a oligarquía, ahora es del pueblo venezolano, ahora es de la sociedad venezolana”.Chávez quería explicar al pueblo las razones de tanta violencia. Quería situar también en un contexto de poder disputado, de dignidad popular recuperada, el discurso disparatado de la burguesía sobre la “libertad de expresión”.

    El pensamiento de Antonio Gramsci: la crisis histórica

    Para hablar de la revolución en marcha, Chávez recurrió expresamente a Gramsci: “quiero recurrir al pensamiento de Gramsci para utilizando las ideas, utilizando las luces del pensamiento, entendamos cada día mejor lo que está pasando aquí hoy en Venezuela”. “Para interpretar las amenazas que siempre estarán sobre nosotros, para poder interpretar nuestras debilidades y combatirlas. Para poder visualizar nuestros flancos débiles y fortalecerlos, para poder entender pues el acontecer pleno en el cual estamos”.

    El presidente venezolano explicó primeramente el concepto gramsciano de crisis histórica. “Por eso, es que voy a valerme del pensamiento, de algunas de las ideas de ese gran pensador revolucionario italiano, Antonio Gramsci, para hacer una reflexión sobre el momento que estamos viviendo”. “Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer“. “En el tiempo y en espacio donde esto ocurre, ahí se presenta una auténtica crisis orgánica, crisis histórica, crisis total”. “Aquí en Venezuela no lo olvidemos, desde hace varios años estamos en una verdadera crisis orgánica, una verdadera crisis gramsciana, una crisis histórica. Lo que está muriendo se niega a morir y todavía no termina de morir y lo que está naciendo tampoco ha terminado de nacer”. “Estamos en el epicentro de la crisis, buena parte de los años por venir formarán parte de esa crisis histórica hasta que no muera definitivamente la IV República y nazca plenamente la V, la República socialista y bolivariana de Venezuela”.“Perdónenme ustedes que me ponga un poco académico”: El bloque histórico, la hegemonía, la sociedad civilY fue magnífica la explicación de Chávez sobre los distintos escenarios y momentos de la crisis: “Ahí estaremos siempre en una crisis de distintos matices, de distintos colores, con distintas formas de expresarse en la realidad fenoménica, la realidad visible en la superficie pues”.Y Chávez buscó la complicidad más profunda en el saber y en el comunicar, y pidió permiso a sus compatriotas: “perdónenme ustedes que me ponga un poco académico pero yo sé que el nivel intelectual de nuestro pueblo ha dado un salto impresionante en calidad y que en cualquier momento y en cualquier lugar estamos todos en capacidad de reflexionar sobre estos pensamientos, sobre estas teorías que iluminan la realidad para entenderla mejor”.Y el “Hugo amigo” que gritaba el pueblo minutos antes esbozó, siguiendo a Gramsci, con el detalle suficiente para un primer encuentro, la teoría del bloque histórico dominante que consigue ejercer la hegemonía social. Habló de los dos niveles de la superestructura: la sociedad política y la sociedad civil, y de cómo se enfrentan en ellos la oligarquía y el pueblo de Venezuela.

    En Venezuela, ilustra Chávez, la sociedad política formada por las instituciones del Estado ha venido experimentando un proceso de transformación y de liberación. No ocurre así, de igual modo, con la sociedad civil formada por las instituciones comúnmente llamadas privadas “a través de las cuales, a través de esas instituciones, organismos privados, la clase dominante hegemónica puede difundir, extender y colocar en todos los planos de la vida su ideología, la ideología de la clase dominante”. Es ahí, apuntaba ya Chávez, en donde reside la enorme importancia de la no renovación del permiso de emisión de RCTV.

    Chávez salió montuno

    El antiguo bloque en el poder, la oligarquía del Pacto de Punto Fijo, ya no consigue controlar y subordinar el estado a la sociedad civil. Intentaron adueñarse de Chávez pero “Chávez salió montuno”. Ésta es una de las grandes contradicciones que definen a la sociedad venezolana: “Chávez jamás se subordinará a esa vieja sociedad civil”.

    Chávez sabe que el pueblo de Venezuela que le escucha puede observar claramente el conflicto político que lanza esa sociedad civil contra el estado, y enumera el conjunto de instituciones en las que se apoya la vieja oligarquía que explotó el país en beneficio de una élite criminal. La primera es la Iglesia. “La elite católica arremete contra nosotros, ahí está la explicación: es histórica, es científica. La elite católica con algunas excepciones pero que no son sino excepciones, siempre en todo el mundo se ha alineado y ha formado parte de los bloques dominantes del capitalismo en todo el mundo”.

    La iglesia, los medios de comunicación y el sistema escolar son las tres grandes instituciones de la sociedad civil que lograron dominar el escenario nacional e internacional en casi toda América durante 100 años. “Son los tres grandes cuerpos orgánicos que Gramsci señala como las instituciones fundamentales de la sociedad civil usadas por ésta para difundir a los extractos y capas sociales y populares su ideología dominante”. La Iglesia, los medios de comunicación y el sistema escolar, desarman al pueblo, lo colocan al servicio de la oligarquía.

    Otra vez aparece la enorme importancia de no renovar el permiso de emisión a RCTV, una cadena golpista que destila ideología reaccionaria, clasista y conformista hacia los sectores populares.

    Los pisos de la ideología ¿Pero que es eso de la ideología?

    “La ideología –dice Chávez- Gramsci la clasifica en extractos o en pisos, él señala que la forma más elaborada de ideología es la filosofía pero no todos podemos ser filósofos. Entonces las clases dominantes fueron diseñando distintos extractos de ideología y así ellos tienen sus filósofos y su filosofía y sus escuelas de filosofía y sus libros de filosofía a través de los cuales van bañando de la ideología dominante a la sociedad”. “Hay un segundo nivel de la ideología que Gramsci señala como las ideas propiamente dichas por debajo del nivel de la filosofía”.

    En este momento, en el de la distinción entre los conceptos filosóficos y las ideas más concretas, Chávez acude a la vida real para ilustrar al pueblo: “El neoliberalismo, por ejemplo, tiene una filosofía pero como ese nivel es muy elaborado y no es digerible por otras capas sociales entonces la clase dominante elabora la tesis del neoliberalismo, del mercado: la tesis de la libertad de mercado, la tesis de la libertad de expresión entendida como ellos la entienden manipulándola, la tesis de la integración en un modelo como el ALCA la propuesta del imperio norteamericano”.“Son también las ideas de la democracia burguesa, la división de poderes con eso manipulan, la división de poderes, la alternancia, la representación como fundamento de la democracia ¡grandes mentiras! Pero son el cuerpo ideológico de esa filosofía hegemónica que aquí en Venezuela ejerció su hegemonía durante 100 años y en el mundo la ha ejercido en buena parte de occidente también durante 100 años”.

    Hay un tercer nivel, un tercer piso en la ideología, el del “sentido común”. “Ahora el sentido común es producto del baño de la filosofía dominante y de la ideología a través de distintas formas, a través de telenovelas, a través de películas, a través de canciones, a través de propagandas, de vallas, de colores hasta los colores son utilizados científicamente para lograr la hegemonía de la clase burguesa dominante”. Y hay un cuarto nivel que es el que Gramsci denomina folklore: “es posible que algún muchacho de esos a los que le preguntan en una calle o en una plaza que por qué sale a defender los intereses de lo que fue Radio Caracas Televisión, es posible que él no sepa explicarlo filosóficamente ni ideológicamente, algunos podrán hacerlo, seguramente, pero hay otros víctimas de la manipulación que no sabrán sino expresar frases folklóricas, como decir por ejemplo: “Se va Chávez”, ese es folclore, así entiende Gramsci el folclore: “Chávez se va”, o “abajo Chávez”; o porque dicen, no estoy defendiendo la libertad de expresión, esto es una dictadura”.Es muy fuerte el poder de sumisión que genera la ideología.

    Chávez pone un ejemplo, con lo que se ha visto en Venezuela los últimos días: “El colmo de los colmos, para un joven, el colmo de los colmos para un muchacho es salir a defender los intereses del imperialismo que ha atropellado a su patria durante mucho tiempo, eso es el colmo de los colmos para un joven”.

    El tablero de la batalla: los núcleos duros de la sociedad civil burguesa

    ¿Cómo entender lo que está ocurriendo?Así lo explica Chávez:“Nosotros hemos venido liberando al estado, porque la sociedad civil burguesa controló el estado venezolano a su antojo, manejaban el gobierno, manejaban el Poder Legislativo, manejaban el Poder Judicial, manejaban las empresas del estado, manejaban la banca pública, manejaban el presupuesto nacional; todo eso ellos lo han venido perdiendo, sino totalmente, esencialmente”.“Y ellos están ahora, replegados en los núcleos duros de la sociedad civil burguesa, utilizando a veces de manera desesperada los reductos que le quedan de esas instituciones señaladas por Gramsci, la iglesia, los medios de comunicación y el sistema educativo. De allí la importancia de entender el tablero de batalla”.Chávez le ofrece a la burguesía la convivencia con la Revolución: “nosotros no tenemos ningún plan para arrasar a la oligarquía”, y seguidamente le advierte: “Ahora, si la oligarquía venezolana, si la burguesía venezolana no entiende esto, no acepta el llamado a la paz, a la convivencia que nosotros, las grandes mayorías revolucionarias le estamos haciendo; si la burguesía venezolana continúa arremetiendo desesperadamente, utilizando los reductos que le quedan, pues la burguesía venezolana seguirá perdiendo uno a uno los reductos que le quedan”.“Uno a uno los ira perdiendo. Dominaron la Fuerza Armada, la perdieron. Dominaron… Dominaron el canal 2 de televisión, lo perdieron y más nunca volverán a recuperarlo”.Y así continuará, la contrarrevolución alimentando la revolución: “Cada plan desestabilizador de la oligarquía venezolana, manipulada por el imperio norteamericano será respondido con una nueva ofensiva revolucionaria”.

    Pico y pala para conformar el bloque histórico

    Al pueblo, al pueblo revolucionario de Venezuela le corresponde conformar el nuevo bloque histórico. Lo enfatiza, con energía, Chávez: “somos nosotros los responsables de seguir echando pico y pala, pegando bloques y concreto para hacer así más grandes, más sólidos que las torres del Parque Central, el nuevo bloque histórico venezolano”. “Indígenas de la patria, pueblos indígenas, pueblos negros, pueblos blancos, empresarios, empresarios venezolanos, trabajadores de todos los sectores, públicos, privados, continuemos estudiando, reflexionando y haciendo, construyendo el socialismo desde nuestros pequeños espacios, continuemos con los cinco motores constituyentes, continuemos por los siete carriles, el político, construyendo la democracia socialista, el económico construyendo la economía socialista, el ético, poniendo en marcha la nueva moral socialista; el social, construyendo la suprema felicidad social, la mayor suma de felicidad posible, la nueva geopolítica nacional, la nueva geometría del poder, la nueva geopolítica internacional; el mundo pluripolar”. “Nosotros pues, sigamos con las dos manos, con una construyendo el nuevo bloque histórico, construyendo el socialismo, construyendo la nueva sociedad política que será el estado social, el estado socialista, la república socialista, en todos sus niveles, el poder central, los poderes locales, los gobiernos locales los gobiernos comunales, ustedes desde abajo, desde las bases sigan empujando construyendo el nuevo estado, la nueva sociedad política y mientras tanto la vieja sociedad civil, elitesca, burguesa, profascista, que se pone las camisas negras de Mussolini, para acusarme a mi de que soy como Mussolini, que se pone las camisas negras de Hitler, para acusarme a mi de Hitler, que se pone las camisas y los cachos negros del diablo para llamarme a mi el diablo, esa vieja sociedad civil burguesa debemos seguirla transformando, óiganme bien en la nueva sociedad socialista, sociedad socialista, estado socialista, república socialista, estructura socialista, súper estructura socialista, a eso es a lo que le tiene miedo la burguesía venezolana que ahora siguiendo instrucciones de Washington trata una vez más, ellos están tratando de hacer aquí una de esas llamadas revoluciones de colores…”.

    “Pero podemos decir, que esa estrategia de la Casa Blanca, de los llamados golpes suaves, o revoluciones de colores como quieran llamarla en algunas partes han funcionado relativamente, aquí la vamos a pulverizar, la estrategia imperialista del golpe suave, o la llamada revolución de colores, los símbolos son los mismos, las camisas negras, la bandera al revés, ustedes no ven incluso ese show para el que usan algunos muchachos que cuando llega la prensa sobre todo internacional, salen corriendo y se arrodillan delante de una policía que no les está haciendo nada, se arrodillan y levantan las manos, es un show, es un show, preparado para que la foto esa recorra el mundo, de esa manera fue que ellos pudieron levantar algunas crisis, en algunos países cuyos gobiernos no se subordinaban a Washington, aquí están tratando de hacerlo, aquí están tratando de hacerlo utilizando algunos medios de comunicación, jugando con el sentimiento de algunos venezolanos, con la sensiblería barata, con la que despidieron el antiguo canal que ya no quiero ni nombrarlo, ya no me acuerdo ni como se llamaba ese canal, ni me acuerdo, yo lo que sé es que hoy el canal 2 es TVES, la nueva televisora venezolana social, eso es lo que yo sé”.

    Ante todas las amenazas, Chávez recomienda continuar con el trabajo revolucionario:“Que nadie se desespere, que nadie se altere el ritmo de sus días, de sus responsabilidades, de sus tareas, que no se frene para nada el avance de los planes revolucionarios en todos los frentes de batalla, en el económico, en el social, en el político, en el territorial, en el internacional, en el moral”.
    La lucha se extiende al exterior de Venezuela
    Una de las percepciones más interesantes de Hugo Chávez, sobre todo para los amigos de la revolución bolivariana en el mundo, es la que se refiere al inevitable contagio exterior del proceso revolucionario. El ataque a Venezuela de las oligarquías de otros países del mundo, como Francia, España, Brasil o Perú, se convierte para esas burguesías en una situación desagradable: acaban tropezando con la piedra que han colocado ellos mismos sobre su propio terreno.En Brasil, después de que el Senado aprobase una declaración contraria a la no renovación de la concesión a RCTV –una decisión evidentemente soberana de Venezuela-, una cadena de televisión abría un debate sobre la naturaleza de la “libertad de información” en Brasil. En México, López Obrador, denunciaba el carácter profundamente oligárquico de todo el sistema de comunicación en su país.En España, un debate sobre Venezuela se le fue de las manos a Antena 3 que terminó acusada, con otros medios afines, de alentar y apoyar el golpe fascista de abril de 2002.“Por cierto que hablando de la política internacional, todos sabemos como los grandes medios de comunicación de occidente, en manos de las élites nos han llevado al paredón de fusilamiento, pero ese paredón a nosotros no nos afecta, esas criticas insanas y manipuladas lo que están produciendo es una reacción mundial también”.”Y estuve viendo la televisión francesa, yo veo mucho televisión porque tengo conciencia de que esa pantallita es escenario de una guerra mundial, una verdadera guerra mundial mediática. En Francia, han salido líderes de la izquierda francesa, intelectuales de Francia, nuestro amigo Ignacio Ramonet —uno de ellos— a defender a Venezuela y además a poner la piedra en su propio terreno”. ”A poner la piedra en su propio terreno. Así que la oligarquía mundial no se está dando cuenta a lo mejor, o se va a dar cuenta demasiado tarde que el ataque contra Venezuela se va a convertir en un ataque allá, un contraataque en su propio territorio”.Defender a Chávez, defender la revolución bolivariana, es enfrentarse a todas las oligarquías del mundo que controlan los mismos o parecidos sistemas de poder y de producción de ideología para la dominación y la explotación. También a aquí, en España, tenemos que recuperar para el pueblo la “sociedad política”, provocando, como hizo Chávez, un proceso constituyente que se levante sobre las ruinas de una “democracia” corrompida y de unos acuerdos políticos entre élites oligarcas similares a los del Pacto del Punto Fijo en Venezuela. Simultáneamente tenemos que conquistar el carácter popular de la sociedad civil luchando con los mismos enemigos contra los que se enfrentan los venezolanos: la Iglesia, los medios de comunicación y el sistema escolar.No hay otro camino. De allí, de Venezuela, nos llega el ejemplo. Gracias, Chávez

    Nota: Este artículo recopila y estructura distintos fragmentos del discurso de Chávez del día 2 de junio, con motivo de la marcha antiimperialista y en defensa de la no renovación de la concesión a la televisión golpista RCTV. Al autor no le corresponde más mérito que el de la selección y ligazón de textos, y el trabajo de resumir sin mutilaciones mayores un magnífico discurso del presidente de Venezuela.

  • Biografía de Antonio Gramsci

    José María Laso Prieto

    Gramsci, Antonio (1891-1937). El 22 de Enero de 1991, se cumplió el centenario del nacimiento de Antonio Gramsci, una de las más relevantes figuras de la cultura y la política italiana del siglo XX. Por su prematuro fallecimiento en 1937, casi han coincidido las conmemoraciones del cincuentenario de su muerte y del centenario de su nacimiento. Con motivo de la primera efemérides, se publicaron en diversos países libros y artículos conmemorativos en los que se argumentaba la vigencia de su pensamiento. Sin embargo, a partir de 1990, se produjeron acontecimientos históricos que potenciaron la vigencia y actualidad de las elaboraciones y concepciones políticas y teóricas de Gramsci. Concretamente, esta es la tesis del filósofo y sociólogo Adam Schaff al sostener que el fracaso del denominado "Socialismo real", en los países de Europa Central y Oriental, constituye la mejor confirmación de la certera previsión de Gramsci sobre la imposibilidad de construir una sociedad socialista sin haber logrado previamente el consenso ampliamente mayoritario de la población. Consenso que sólo se puede lograr actuando en el campo de la cultura para conseguir la hegemonía intelectual y moral del nuevo bloque emergente. La aportación específica de Gramsci, en el campo de la previsión científica, de las condiciones para la transformación social, la sitúa muy bien Adam Schaff, al precisar que "Mientras que Marx subrayaba la importancia de las condiciones objetivas de la revolución, Gramsci desarrolló, en un periodo posterior, aprovechando la experiencia de la revolución soviética, la teoría del consenso como teoría subjetiva de la revolución socialista. Sin el acuerdo de la sociedad, no se puede realizar con éxito la revolución ni mucho menos verificar el dominio de la clase obrera como hegemonía moral y política(y no como imposición violenta). Este consenso debe lograrse mediante el trabajo ideológico. De ahí el importantísimo papel que Gramsci atribuye a la intelectualidad en su teoría de la revolución socialista".

    En otro plano, Gramsci estudió filología y lingüística en la Universidad de Turín. Después de una precoz colaboración en la prensa socialista, fundó la revista "L Ordine Nuovo "que llega a constituir un hito en el nivel teórico del marxismo italiano. Con gran entusiasmo, y no menor rigor, Gramsci se esforzó porque "L Ordine Nuovo" aportase al pensamiento y a la "praxis" marxista la altura necesaria para que pudiesen alcanzar su plena efectividad revolucionaria. De hecho, su labor periodística constituyó un serio intento de reforma intelectual y moral, inspirada en el precedente idealista de Benedetto Croce, para fundamentar en el marxismo una gran labor de esclarecimiento y crítica de los basamentos sociológicos de la cultura nacional italiana.

    No menor importancia revistió su actividad como dirigente político, ya que se convirtió en el teórico y organizador de los Consejos de fábrica que por entonces florecieron en Turín. Posteriormente, tras un periodo de intensa militancia en el movimiento socialista, Gramsci encabezó el núcleo fundacional del Partido Comunista Italiano. Instaurado el régimen fascista, Gramsci fue detenido, no obstante la inmunidad parlamentaria que gozaba como diputado, y condenado a más de veinte años de prisión. En tan difíciles condiciones, redactó sus célebres "Quaderni del Carcere" que le consagraron como una autoridad teórica del movimiento obrero internacional.

    Superada su etapa crociana inicial –pero con consecuencias enriquecedoras de su pensamiento que subsistirán en el conjunto de su obra– Gramsci concibe precozmente al marxismo como una auténtica ruptura con toda ilusión especulativa. Tal orientación podría ser sintetizada en la célebre fórmula gramsciana de que "todo es política". Empero si en Gramsci, no obstante sus preocupaciones teóricas y el elevado nivel con que abordó las más complejas tareas intelectuales, la actividad del militante revolucionario ocupa un primer plano, no por ello incurre en un practicismo político estrecho. Por el contrario, como señala el profesor Manuel Sacristán, "Toda la obra de Gramsci queda estructurada por la finalidad de determinar un renacimiento del marxismo y de elevar su concepción filosófica, que por necesidades de la vida práctica se ha venido vulgarizando, a la altura que debe alcanzar para la solución de las tareas más complejas que propone el actual momento histórico: es decir, elevarlo a la creación de una cultura integral. Según el profesor Sacristán, "Gramsci cumplirá esta tarea, de acuerdo con la inspiración básica de Marx, no eliminando del marxismo el concepto central de práctica, sino proporcionando la más profunda concepción de ésta que se ha alcanzado en la literatura marxista. Por encima del accidental origen de la expresión, Gramsci es realmente el filósofo de la práctica".(1)

    Para Gramsci, la "filosofía de la praxis", no se daba todavía bajo una forma propiamente "filosófica", en el sentido de un sistema coherente y organizado. Surgió en forma de aforismos y criterios prácticos, debido a que su creador –Marx– no pudo elaborarla por haberse concentrado en otros problemas. Polemizando con Benedetto Croce, que reducía el marxismo a una metodología histórica –Gramsci postulaba una premisa teórica: "la filosofía de la praxis está por elaborar, lo que no significa que no exista potencialmente, sino, por el contrario, que incumbe a los seguidores de Marx y Engels desarrollar lo que éstos han dejado en germen"(2).

    En consecuencia, Gramsci aporta su propia contribución. A la pregunta ¿Qué es la filosofía?, responde negando la existencia de una "filosofía

    en general, "para afirmar la existencia de diversas filosofías, o concepciones del mundo, entre las que se debe de optar. Combatiendo las concepciones elitistas de la filosofía, Gramsci considera que ésta no debe reservarse exclusivamente a "filósofos profesionales" ya que, en la medida que se trata de una actividad intelectual, practicada generalmente, "todos los hombres son filósofos".

    El énfasis historicista de Gramsci hace adquirir a su pensamiento especificidad propia en el seno del marxismo. Como indica el profesor Gustavo Bueno, "el materialismo histórico, bajo la influencia de Engels, habría experimentado constantemente un tendencia a desplazarse hacia el materialismo dialéctico (en el sentido naturalista) como compensación a ese desplazamiento podrían entenderse gran parte de las interpretaciones "voluntaristas", "subjetivistas", o "metafísicas", consistentes en subrayar los momentos del "espíritu subjetivo" y del "espíritu absoluto"(marxismo cristiano, marxismo moral, etc). Gramsci representaría la interpretación de esa vuelta al revés de Hegel –Croce– en el sentido del desplazamiento del "centro de gravedad" de la historia al lugar ontológico que, en el sistema hegeliano, se designa como "espíritu objetivo". Con ello la filosofía deja de ser un estéril manejo de conceptos para pasar a ser tanto acción como concepción.

    La identificación filosofía-política-historia constituye el núcleo de la concepción gramsciana de la filosofía. Para Gramsci, en efecto, la política es el primer momento donde la filosofía se halla en la fase simple y elemental afirmación. En consecuencia, la filosofía concebida como "reflexión crítica", es también política, es decir, acción permanente", y, en ese sentido, su identificación con la política significa realización concreta y necesaria de una teoría o de una concepción del mundo.

    Sin embargo, Gramsci no se desentendió de las ciencias naturales ni de los problemas epistemológicos generales. Al igual que Lenin, profundizó en la problemática de la física contemporánea para fundamentar científicamente la noción de objetividad y así contribuir a resolver el arduo problema de la relación entre ciencia y filosofía. La misma finalidad persigue cuando se plantea el problema de la denominada "realidad del mundo externo", estudia la relación entre ciencia e instrumentos científicos o profundiza en la elaboración del concepto de ciencia. "Lo que interesa a la ciencia es no tanto... la objetividad de lo real, cuanto el hombre que elabora sus métodos... que rectifica constantemente sus instrumentos materiales... y lógicos –incluidos los matemáticos– lo que interesa en la cultura...la relación del hombre con la tecnología. Incluso en la ciencia, buscar la realidad fuera del hombre no es sino una paradoja.(3). Así trataba Gramsci de basar en sólidos fundamentos epistemológicos la Weltanschauung que haga del marxismo una auténtica filosofía.

    No obstante el esfuerzo teórico de Gramsci no constituía una pretensión asépticamente especulativa. Su precoz instinto político la hizo percibir que el cientificismo, tras el que se ocultaban las posiciones revisionistas de los dirigentes de la II Internacional tenía no sólo raíces sociales objetivas sino también fundamentos gnoseológicos de claro signo positivista De ahí su triple lucha contra las impregnaciones que en el seno del marxismo habían alcanzado el positivismo, el determinismo económico y el reduccionismo sociologista. Sin por ello descuidar la necesidad de un "ajuste filosófico de cuentas" con el idealismo de Benedetto Croce, soporte ideológico fundamental de la burguesía italiana. Tal es el origen de la atención especial que dedicó a la relación entre base (infraestructura) y superestructura, a la función del bloque histórico y a su interconexión entre ambos planos de la formación histórica. Su exhaustiva investigación del papel de los intelectuales como "funcionarios de las superestructuras" y la distinción –ya clásica– entre "intelectual tradicional e intelectual orgánico", completa una faceta de la aportación teórica gramsciana de indudable trascendencia filosófica. Reviste también importancia su diferenciación entre "ideologías históricamente orgánicas" e "ideologías arbitrarias", así como el conjunto de su amplio trabajo acerca de la cultura.

    Actualmente asistimos a un movimiento mundial de revalorización del pensamiento político y filosófico de Gramsci. A ello contribuyen los congresos internacionales de estudios gramscianos –que periódicamente organizó el Instituto Gramsci y que posteriormente han continuado desarrollando otras entidades–, la edición de sus obras en los más diversos idiomas, y el hecho de que exista general coincidencia en considerar que los análisis de Gramsci representan la única verdadera tentativa marxista de explicitar las modalidades de la vía al socialismo en las condiciones del capitalismo avanzado. Por otra parte, tales análisis son los que mejor explican las causas del hundimiento final del sistema del denominado "socialismo real". Ese es el origen de la vigencia del pensamiento de Gramsci. O, más precisamente, de su creciente actualidad a medida que la problemática contemporánea se centra cada vez más en la temática que constituyó su preocupación fundamental.

    N O T A S:

    (1) Cita transcrita del prólogo de José María Laso a la obra "Leer a Gramsci" de Robert Maggiori y Dominique Grisoni. Editorial Zero. Madrid, 1974. Página, 11.

    (2) Ibídem, pág. 218.

    (3) Antonio Gramsci, "El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Visor. Buenos Aires, 1971. Pág. 63. Las obras de Gramsci fueron publicadas inicialmente por la Editorial Einaudi de Turín. En una primera fase aparecieron "Lettere dal carcere"(1947), "Il materialismo storico e la filosofía de Benedetto Croce"(1948), "Gli intellettuali e l organizacione della cultura (1949), "Letteratura e vita nazionale"(1950), "Passato e presente(1951), "L Ordine Nuovo" (1954), "Scriti giovanile"(1958), "Sotto la mole"(1960). Una edición crítica de las Obras Completas de Gramsci, realizada por un equipo del Instituto Gramsci, dirigido por Valentino Gerratana se publicó, editado por Einaudi, en 1975. El mismo año se publicó en México la versión castellana por ediciones ERA. En español, se editaron inicialmente: "Cultura y literatura". Barcelona, 1967. "Introducción a la filosofía de la praxis" Barcelona, 1969. "La política y el Estado moderno "Barcelona, 1971. "Antología" (Selección y notas de Manuel Sacristán), Madrid, 1974.

    Sobre Gramsci, se han publicado en España, entre otras, las siguientes obras: A.R. Buzzi, "La teoría política de Gramsci". Barcelona, 1969. Dominique Grisoni y RobertMaggipri, "Leer a Gramsci" Madrid, 1974. José María Laso Prieto, "Introducción al pensamiento de Gramsci". Prólogo de Gustavo Bueno. Madrid, 1973. P. Lombardi, "Las ideas pedagógicas de Gramsci". Barcelona, 1973. J.M. Piotte, "El pensamiento político de Gramsci". Barcelona, 1973. Juan Trías (Coordinador) José María Laso y otros "Gramsci y la izquierda europea". Fundación de Investigaciones Marxistas. Madrid, 1992. Rafael Diaz-Salazar, "El proyecto Gramsci". Prólogo de Francisco Fernández Buey. Editorial Anthropos. Madrid, 1991. Maria Antonietta Macciocchi, "Gramsci y la revolución en Occidente" México , 1976. Angelo Broccoli, "Antonio Gramsci y la educación como hegemonía". Editorial Nueva Imagen. México, 1977. Francisco Fernández Buey, "Actualidad del pensamiento político de Gramsci". Editorial Grijalbo. Barcelona, 1977. Hugues Portelli, Gramsci et la question religieuse". Editions Anthropos, París, 1974. Aguilera

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